MANIFIESTO

 

 

 El término “barroco” viene del portugués y significa “perla irregular”.  Es el punto de partida concreto y material que permite a Transbaroque revisar, criticar y desarrollar su propio pensamiento.

Colores, brillantez, fluorescencias, diversión, extravagancia, exuberancia son adjetivos propios del barroco pero que justamente hoy en día, el público no percibe. No los percibe simplemente porque no se transmiten.

Estamos acostumbrados a ver una multitud de “ensembles” o “cameratas” grises, oscuros, estáticos, rígidos y verticales con códigos totalmente fuera de lugar para la música barroca. Fueron impuestos por los que dominaron la historia de la música desde 1750 hasta el día de hoy; por ejemplo las jerarquías implacables de las orquestas creadas a lo largo del siglo XIX con un “súper jefe”, un violín solista, un violín ayuda de solista, violín uno, violín dos, etc. Esta forma de organización impide el diálogo, y si hay un “diálogo” es siempre de un jefe a un subordinado… esta verticalidad, además, genera individualismo y caciquismo impropios para el trabajo de creación que necesita un grupo, ya sea grande o pequeño.

Apartando unas poquísimas agrupaciones barrocas de gran talento y reconocidas, el panorama estético de la “música barroca” sigue siendo algo –pensamos- muy lejos de la libertad de interpretación o improvisación que pudo haber en el siglo XVII.

A partir de la mitad del siglo XVIII con el neoclasicismo y después con los movimientos artísticos románticos y post-románticos hay una reacción muy virulenta en contra de lo que se llamará, mucho más tarde, los movimientos manierista, barroco y rococó (en la época barroca los contemporáneos se llamaban a si mismos “clásicos”…)

La critica feroz e injusta hacia al barroco iniciada bajo el clasicismo se acentuará en el siglo XIX y hasta la mitad del siglo XX donde se empezará a redescubrir este estilo gracias a músicos e historiadores.

Durante dos siglos enteros (1750-1950) artistas e intelectuales se dedicarán a borrar, transformar, olvidar, ultrajar una música que inventó nada menos que el bajo continuo, el violín, el canto moderno, la danza moderna, la ópera y muchísimas cosas más.

¿Por qué? Hay muchas explicaciones posibles a este fenómeno de acción–reacción. Los clásicos y los románticos ven en la música barroca algo ridículo, raro, absurdo… Que no obedece a una lógica cartesiana pura, recta y regular. Uno más uno hacen dos en la música a partir de Mozart pero antes no ha sido así. Es la “irregularidad” de unas sociedades que todavía no han sido sujetas a la dominación de la era industrial.

El rechazo viene también de unos valores románticos radicalmente opuestos. Podríamos decir también, que es una burguesía adinerada contra una aristocracia “frívola”. El romanticismo no soporta la improvisación, el humor, la ironía, lo burlesco; justamente esencia del barroco.

Cuando la humanidad llega a la mitad del siglo XX, el panorama es desolador: La música barroca ha desaparecido casi en su totalidad y las pocas veces que se toca es con los cánones estéticos de los conservatorios creados en su mayoría en el siglo XIX.

El hilo conductor de la historia es regular y lógico desde 1750 para un ciudadano del siglo XXI pero qué pasó antes? Qué podemos hacer para recuperar este patrimonio humano mundial?

Transbaroque quiere seguir con el trabajo empezado en los años 1950 por sus predecesores que tuvieron en su tiempo un mérito inmenso en difundir y apoyar esta “nueva-antigua” forma estética.

Cada época tiene su verdad y pensamos que la nuestra pasa por un deseo universal, no solamente a nivel artístico, de horizontalidad, justicia y decisiones colectivas. Lo piden a gritos todos los días los habitantes de este planeta. Nuestra forma de pensar, nuestra forma de ver el mundo contemporáneo corresponde justamente a estas nuevas formas de hacer las cosas. Somos también totalmente conscientes que la modernidad o vanguardia de hoy serán lo viejo y lo raro de mañana pero es justamente lo que permite el movimiento y el dinamismo.

Vivimos en una época muy estática que tiene miedo de mirar hacía delante, las razones son múltiples: sociales, económicas, geopolíticas… No olvidemos que el arte es siempre el reflejo de una época, un movimiento artístico siempre se inscribe en un contexto histórico. Lo que podríamos señalar como “típico signo del tiempo” hoy en día es, por ejemplo, las versiones estandarizadas de las grabaciones modernas. El dogmatismo moderno decide lo que es “bueno” o “malo” pero nunca dice “¿por qué no?” o “es otra forma de ver” o “no comparto pero tiene todo el derecho a existir”. Esto, impide cualquier avance.

En la casi-totalidad de las orquestas actuales no se puede cambiar nada por “el dogma”.

 

 

Por eso hemos creado Transbaroque.

Será el laboratorio del cambio: analizar, experimentar, evolucionar. Queremos renovar y renovarnos. Es la nueva actitud que queremos para la música: cambiar todo lo que pensamos que hay que cambiar.

La vía única, lo decidido por uno sólo y para todos ya no tiene razones de existir. Abrirnos para cambiar, esta es nuestra verdad. Esperamos que otros grupos, otras artes se junten a nuestro manifiesto para cambiar en profundidad y llevar una nueva frescura a los escenarios. Cada uno de nosotros aporta algo a este cambio, necesitamos difundir y compartir para que nuestro movimiento, nuestra diferencia, tenga una gran visibilidad.

 

Queremos volver a la esencia del barroco, no el barroco visto por los “filtros” de la historia moderna sino cumplir un trabajo libre e independiente y redescubrir los colores reales del barroco, pero eso sí, con los pigmentos de nuestro tiempo.

 

 

Transbaroque